Vivimos en un momento histórico de cambios acelerados en múltiples ámbitos de la sociedad, la economía, la energía, la ciencia y las relaciones de poder en un mundo cada vez más globalizado e interconectado.

Hemos visto como en pocos años Internet se ha convertido en una parte fundamental de la economía y de la vida diaria de personas y empresas. Cómo sin darnos cuenta, todos llevamos un móvil en el bolsillo con el que cada vez podemos hacer más cosas (y lo que faltará por ver).

Y ahora le está llegando el turno a los coches o, en un sentido más amplio, a la movilidad, entendida como la forma de trasladar personas y mercancías de un lugar a otro, de la manera más eficiente posible.

Precisamente en la eficiencia es donde estas nuevas tecnologías del transporte tienen puesto el punto de mira, porque el sistema actual está lleno de ineficiencias que aumentan los costes, contaminan, ocupan un espacio muy valioso en las ciudades y hace que muchas inversiones tengan una rentabilidad casi nula.

Por ejemplo:

  • Una persona que tiene un coche en propiedad lo tiene parado prácticamente el 95% del tiempo
  • Esa misma persona va a trabajar sola en su coche, ocupando el espacio de un elefante en la calle
  • Lo aparca donde puede, después de buscar un hueco durante un rato (entre 75 y 96 horas al año)
  • A la vuelta igual y, si no tiene garaje, otra vez a buscar un hueco y ocupar el espacio público (hasta un 70% según algunas fuentes).

La nueva movilidad personal

Las nuevas formas de moverse se alejan del la idea del coche privado como único medio de transporte y, en los últimos años, estamos asistiendo a la eclosión de un abanico de nuevas formas de trasladarse, como pueden ser los patinetes eléctricos, las bicicletas eléctricas y normales, los trayectos compartidos dentro y fuera de las ciudades, etc.

Estos cambios ya están provocando los primeros efectos en las ciudades, con la aparición de carriles bici y normativas para intentar regular el funcionamiento de unas nuevas actividades que muchas veces operan aprovechando vacíos legales, como pueden ser los patinetes.

Otros efectos son las quejas de aquellos cuyo medio de vida depende de que el sistema actual no cambie, como por ejemplo los taxistas o las compañías de autobuses interurbanos, que funcionan en base a sistemas de licencias y cuotas que ya carecen de sentido en la mayoría de las ocasiones.

Estas son las primeras olas del sunami, pero aún son pequeñas y hacen pensar que todavía está lejos y que no nos va a afectar, pero no es así: Está aquí mismo y se va a llevar por delante muchas de las cosas a las que estamos habituados.

El vehículo eléctrico (V.E.)

Además de los coches eléctricos, que Tesla lleva fabricando más de una década, hay una gama enorme de vehículos de los tipos y tamaños más variados, destinados a las más diversas tareas:

Esta primera andanada de vehículos eléctricos va a llegar rápidamente porque China, primer fabricante y comprador de V.E. ha subvencionado su compra durante los últimos años y ha impuesto a las compañías que quieran vender sus vehículos allí una cuota mínima de eléctricos del 20% para 2025.

Además, China es el primer fabricante de baterías del mundo, lo que hace que sea muy atractivo para las empresas producir allí.

Volkswagen está construyendo una planta en China para producir 300.000 coches al año, además de transformar algunas de sus plantas en Europa para producir V.E. e invertirá en ello más de 40.000 millones de Euros. Mientras, el resto de fabricantes se afanan en llegar a acuerdos con empresas de tecnología para no perder el tren.

Todos estos movimientos e inversiones multimillonarias apuntan a que dentro de muy poco la gran mayoría de los vehículos que se vendan serán eléctricos y, esto a su vez, desencadenará la siguientes olas de este sunami.

El vehículo autónomo

Hasta hace poco era solo ciencia ficción que un vehículo pudiera conducir solo por las calles y carreteras de cualquier país, sin embargo, a día de hoy los coches de Waymo (Google) han obtenido el carnet de conducir en el estado de California y después de un largo período de pruebas con un conductor de seguridad, ya está ofreciendo un servicio comercial en pruebas de “robo-taxi”.

Esta ola del sunami se solapará con la del vehículo eléctrico y dentro de no demasiado tiempo podremos ver taxis eléctricos autónomos circulando por las ciudades de todo el mundo.

Serán pocas al principio, pero el incentivo económico de eliminar al conductor de los servicios de transporte hará que la mayoría de autobuses, taxis y camiones se conviertan a gran velocidad, tirando de la demanda en otros segmentos.

Todas estas olas de transformación en la movilidad golpearán en muchas costas y tendrán profundas consecuencias en muchos otros ámbitos de la sociedad.